¡Hola! Retomando una vez más, después de tantos días de quietud en publicaciones, pero créanme que con mucho movimiento de pensamientos y sentimientos.
Vamos directo al grano.
Basado en el significado que encontré en internet, cristocéntrica significa poner a Jesús en el centro de tu vida: tus creencias, valores, enseñanzas y estilo de vida. Y quiero recalcar “estilo de vida” en singular, porque seguir a Cristo no admite múltiples estilos. Quiero detenerme en este punto.
En la sociedad actual estoy viendo cómo adoptamos distintos “moldes” de vida. Nos sujetamos a lo que es tendencia y, conforme a eso, nos volvemos camaleones.
La Palabra de Dios dice en Apocalipsis 3:16:
“Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.”
Para algunas cosas somos muy firmes con lo de Dios, pero en otras titubeamos para poder encajar en este mundo que cada día muestra mayor decadencia moral. No hay otra manera de decirlo.
Pasamos de ser cristocéntricos a ser “tende-céntricos”.
¿Cuál es el problema de moldearnos a las cosas de este mundo? Que nos volvemos inestables. Al dejarnos llevar por las tendencias terminamos mareados, revoloteando de un lado a otro. Mi gente, hemos perdido la brújula. Nuestro eje, que debería apuntar al norte, está completamente desorientado, y nuestro rumbo se vuelve incierto.
Esta página la empecé con el propósito de compartir mis experiencias como mamá y los sinsabores de algunos retos. Pero más allá de toda mi retahíla, lo que importa es impulsar la gratitud de vivir bajo la gracia de Dios.
Como madre, mantenerme centrada en Cristo es clave e indispensable. Mi hija es una adolescente que ha crecido bajo los valores cristianos inculcados en casa. Pero ella no siempre está en casa. Tiene amistades que quizás no comparten esos mismos valores —sean cristianos o no, ojo con eso—.
La diferencia la marca la consistencia que ella ve en mí. Cómo me muevo en los pasillos de la maternidad. Mis comportamientos y elecciones de vida pueden determinar sus inclinaciones. Y esto abarca lo más básico: cómo me visto, cómo me expreso, qué programas veo, qué música escucho, qué lugares frecuento, qué conversaciones entretengo, qué amistades mantengo.
También influye cómo respeto mi integridad como mujer. Aquí pesa mucho vivir bajo una misma moral y no bajo una doble moral, porque eso no es sostenible y además es agotador.
Por eso les exhorto a autoevaluarse en el ejemplo que les damos a nuestros hijos en casa. La verdad es que estas criaturas son prestadas. Algún día levantarán vuelo y harán su propio nido. Pero si nuestra conciencia está en paz, sabiendo que hicimos lo mejor que pudimos, podremos conciliar el sueño sin remordimientos. Lo que ellos decidan hacer como adultos ya se sale de nuestro control.
En este mundo actual, las tendencias están de moda —valga la redundancia—. Pero desglosa esto y digiérelo con un poco de sal y pimienta. Parecemos mulas directas al matadero, y nadie —ni siquiera por sentido común— detiene la manada para preguntar hacia dónde nos dirigimos. Porque algo es popular, ya lo adoptamos y nos apropiamos de ello.
¿Qué nos está pasando?
Es sencillo: nos hemos alejado de Cristo y de su manera de vivir. En Efesios 5:1 dice:
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.”
¿Es difícil? Sí, lo es. Pero ¿acaso lo que Cristo hizo por cada uno de nosotros fue fácil? ¿Morir en una cruz fue un paseo? Entonces, ¿por qué sería fácil seguirlo?
Esto es para valientes, para personas de carácter firme. Y ese carácter Dios mismo lo va moldeando. Pero si vivimos de aquí para allá y de allá para acá, ningún molde cristiano resistirá.
Hazte la pregunta: ¿qué tan cristocéntrica está tu vida? ¿Tu entorno? ¿Las intimidades de tu espíritu?
Lo bueno es que este replanteamiento no tienes que hacerlo solo(a). Dios nos acompaña en todo momento.
Mira a tus hijos por un minuto. ¿Acaso no merecen la mejor versión de ti? Esa versión que los acerque más a Dios y no que los aparte de Él, esa versión que sea un reflejo mas acertado de el.
¿Con qué cara nos presentaremos delante de Dios a rendir cuentas sobre cómo criamos a nuestros hijos si vivimos una vida “tende-céntrica”? Viviendo en parcialidad, obedeciendo tendencias, no nos acercamos más a Él; y en el proceso, podemos arrastrar a nuestros hijos con nosotros.
Esta publicación tiene como propósito principal crear conciencia. Bajo la gracia de Dios podemos vivir una vida verdaderamente cristocéntrica.
A menudo nos quejamos de las decisiones que toman nuestros hijos, de sus tendencias y de las influencias que adoptan. Pero si las redes sociales y sus principales referentes son externos, eso también refleja cómo estamos cultivando —o descuidando— nuestra relación interna con ellos.
Nuestros adolescentes merecen padres presentes, atentos a sus vidas y, sobre todo, coherentes. Necesitan ver estabilidad entre lo que hablamos y cómo vivimos. La consistencia no es opcional; es fundamental. También necesitan un hogar donde se respire respeto mutuo, donde exista comunicación abierta y donde la confianza no sea un privilegio ocasional, sino la base de la relación.
¿Y cómo se cultiva eso en lo práctico?
Se cultiva escuchando sin interrumpir.
Se cultiva preguntando antes de asumir.
Se cultiva corrigiendo con amor y no con humillación.
Se cultiva cumpliendo lo que prometemos.
Se cultiva pidiendo perdón cuando nos equivocamos.
Se cultiva estando disponibles, aun cuando estamos cansados.
El respeto mutuo nace cuando ellos se sienten valorados.
La comunicación florece cuando saben que no serán juzgados a la primera palabra.
La confianza crece cuando nuestras acciones respaldan nuestro discurso.
No todo será perfecto —vivimos en un mundo imperfecto, en un mundo caído—, pero eso no nos exime de nuestra responsabilidad.
Como mamá, he cometido errores. Se me han escapado cosas. He tartamudeado en muchas decisiones. Sin embargo, solo por la gracia de Dios y mediante mucha oración he logrado, hasta el momento, construir una relación sana con mi hija: una relación cimentada en el respeto mutuo, la comunicación constante y la confianza.
Porque al final, nuestros hijos no necesitan padres perfectos… necesitan padres presentes, coherentes y rendidos a Dios. Y eso comienza en casa, cuando decidimos dejar de ser “tende-céntricos” y volver a ser verdaderamente cristocéntricos.
Ahí les dejo esta merienda suave para que la acompañen con un buen café. ☕✨
Antes de cerrar! Si quieres aceptar a Cristo como tu salvador o quieres una reconciliación de amor y perdón con el, te invito a que repitas la siguiente oración: “Jesús, te invito a mi corazón, reconozco que tú eres el único salvador de mi vida y te pido perdón por todas mis transgresiones. Escribe mi nombre en el libro de la vida para poder así vivir una eternidad a tu lado. En el nombre de Jesús, ¡Amén!”
Chao pues!